jueves, 28 de junio de 2007

NUEVAS ESTRATEGIAS PARA EL DESARROLLO RURAL SOSTENIBLE: PARTICIPACIÓN POPULAR, AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA Y REGENERACIÓN AMBIENTAL


Alumnos de la Facultad de Agronomía - UNAS
Ingº. FERNANDO S. GONZALES HUIMAN
DOCENTE DE LA FACULTAD DE AGRONOMÍA
UNIVERSIDAD NACIONAL AGRARIA DE LA SELVA, TINGO MARÍA-PERÚ
http://fgonzaleshuiman.blogspot.com/

http://fsghinvestigacion.blogspot.com
http://fsghturismo.blogspot.com
e mail: fsgh_dito@yahoo.es fsghdito@gmail.com

"ciertas sociedades, traumatizadas por los choques políticos, económicos y ecológicos, necesitan catalizadores para recuperar sus capacidades organizativas y creativas."
Ben Abdallah y Engelhard (1993)

La economía dual de hoy en día es un anacronismo. Mientras la internacionalización promete ahora más que nunca mayores ganancias para el capital, las contradicciones creadas por el empobrecimiento están provocando una intensa y amplia rebelión en muchas partes. En este ensayo se ha trazado la expansión internacional del capital, y la manera en que integra a los recursos y a la gente a un sistema polarizado de gran riqueza acompañado por pobreza y despojo. La expansión ha creado vastas áreas desforestadas, sin posibilidades de ser cultivadas, junto con importantes grupos de gente viviendo en condiciones precarias en las áreas rurales o en las marginales urbanas; este desperdicio de recursos naturales y humanos impone una pesada carga a la sociedad, no sólo en términos de oportunidades perdidas, sino también por los costos del manejo de las tareas de control social.

A. LA SOSTENIBILIDAD
El desarrollo sostenible se ha convertido en un poderoso y controvertido tema, creando metas que parecen imposibles para los políticos y los funcionarios de las instituciones del desarrollo. Ahora todos formulan sus propuestas para el cambio en términos de su contribución a la "sostenibilidad". Existe un reconocimiento amplio de que no se pueden generalizar los niveles actuales de consumo de recursos per cápita en los países ricos a la gente que vive en el resto del mundo; muchos añaden que los niveles actuales de consumo no pueden ser mantenidos, aun entre aquellos grupos que ahora disfrutan de elevados niveles de consumo material. En este nuevo discurso, los recursos que nos rodean no sólo son el capital natural heredado, incluyendo las materias primas (tales como productos del suelo, del subsuelo, buena calidad del agua y el aire, bosques, océanos y tierras húmedas), sino también la capacidad de la tierra para absorber los desperdicios generados por nuestros sistemas productivos; por supuesto, el análisis de los recursos también incluye consideraciones sobre la calidad de los ambientes construidos en los cuales vivimos y trabajamos.

El interés en la sostenibilidad se ha globalizado, reflejando el miedo generalizado al deterioro de la calidad de la vida. Los sistemas productivos y los patrones de consumo existentes amenazan la continuidad de nuestras organizaciones sociales. Los patrones actuales de desarrollo son injustos y antidemocráticos; como reacción surge el espectro de la desintegración de los sistemas actuales, social, político, productivo y aun los de riqueza personal. Una estructura diferente, más acorde con las posibilidades de la tierra para mantener y reproducir la vida, debe reemplazarlos.

Para abordar a las cuestiones de sostenibilidad, debemos entonces confrontar los dilemas fundamentales que enfrentan las instituciones del desarrollo. Aunque los enfoques de la difusión del progreso económico por goteo enriquecen a algunos y estimulan el crecimiento en economías y sectores "modernos" dentro de las sociedades tradicionales, éstos no responden a las necesidades de la mayor parte de la gente. Aún más, contribuyen a agotar las reservas mundiales de riqueza natural y al deterioro de la calidad de nuestro ambiente natural.

Así, descubrimos que en las condiciones presentes, la misma acumulación de riqueza crea pobreza. Si los pobres sobreviven en condiciones infrahumanas y son forzados a contribuir a la degradación ambiental, lo hacen por falta de alternativas. Aún en el más pobre de los países, los abismos sociales no sólo evitan que los recursos se utilicen para mejorar la situación, sino que realmente agravan el daño, sacando a la gente de sus comunidades y negándole las oportunidades para proyectar sus propias soluciones. Por esta razón, la búsqueda de la sostenibilidad implica una estrategia dual moderna: por una parte, debe facilitar a la gente el fortalecimiento de sus propias organizaciones, o la creación de nuevas, utilizando sus recursos relativamente magros en la búsqueda de una alternativa y de una resolución autónoma de sus problemas. Por otra parte, una estrategia de desarrollo sostenible debe contribuir al surgimiento de un nuevo pacto social, cimentado en el reconocimiento de que son esenciales la erradicación de la pobreza y la incorporación democrática de los desamparados dentro de una estructura productiva más diversificada.

La sostenibilidad no es "simplemente" un asunto del ambiente, de justicia social y de desarrollo. También se trata de la gente y de nuestra sobrevivencia como individuos y culturas. De manera más significativa, la pregunta es si los diversos grupos de gente continuarán sobreviviendo y de qué manera. De hecho, la nueva literatura sobre el movimiento hacia la sostenibilidad, celebra a los diversos grupos que han adaptado exitosamente sus herencias culturales, sus formas especiales de organización social y productiva y sus tradiciones específicas de relacionarse con sus ambientes naturales.

La sostenibilidad es entonces acerca de una lucha por la diversidad en todas sus dimensiones. Las campañas internacionales para conservar el germoplasma, proteger las especies en peligro de extinción y crear reservas de la biosfera están multiplicándose como reacción a la expansión de un modelo ofensivo; pero las comunidades y sus miembros se sienten fuertemente presionados, luchan contra fuerzas externas poderosas para defender su individualidad, sus derechos y sus habilidades para sobrevivir, mientras tratan de satisfacer sus necesidades. El interés por la biodiversidad, en su sentido más amplio, abarca no sólo la flora y la fauna amenazadas, sino también la supervivencia de estas comunidades humanas como administradoras del ambiente y como productoras.

La internacionalización ha obstaculizado este movimiento hacia la diversidad. Los poderosos grupos que modelan la economía del mundo (corporaciones trasnacionales, instituciones financieras y poderes locales influyentes, entre otros) hacen lo posible para romper estos intentos individuales o regionales, moldeándonos dentro de grupos sociales más homogéneos y tratables. Ellos querrán colocarnos, cual piezas de ajedrez, como soportes de la actual estructura de desigualdad, comprometiéndonos con empleos productivos; y, para aquellos con suficiente suerte, con ingresos suficientes para llegar a ser consumidores.

B. REVISIÓN DE LA LITERATURA
En contraste con las teorías generalizadas sobre el proceso de desarrollo o los modelos sofisticados de crecimiento económico, la literatura sobre el desarrollo sostenible ofrece una mezcla de loables principios éticos, manuales de organización e instrumentación, prácticas y estudios muy concretos de éxitos y fracasos. En esta sección, ofrecemos una rápida revisión de algunos de los enfoques generales y soluciones características de esta literatura, que pueden adecuadarse a varias regiones y problemas. Más que un intento por analizar todas las corrientes, pretendemos comunicar el sentir de la discusión y las direcciones para el trabajo futuro; demostrar que el desarrollo sostenible es una idea "cuyo tiempo ha llegado"; su instrumentación requiere enfrentar directamente no sólo los intereses de la minoría rica, sino el paquete de consumo que actualmente está definiendo la calidad de nuestras vidas. Este es el reto real que enfrentamos hoy.

La sostenibilidad es un proceso más que un conjunto de metas bien específicas. Implica la modificación de un proceso en la naturaleza, la economía y la sociedad. Se pone más de moda conforme la gente descubre que el crecimiento de la producción ó aún de la riqueza nacional no garantiza la mejora de los niveles y la calidad de vida; pero los retos de la protección ambiental son quizá la fuerza más inmediata que hace tan importante la discusión. Hay cuestiones éticas fundamentales sobre la sostenibilidad de una estructura global que perpetúa altos grados de desigualdad internacional mientras trabaja con las comunidades rurales con pocas oportunidades de satisfacer sus necesidades más básicas. Estas cuestiones globales van más allá del alcance de este documento, el cual se centra en estrategias para promover un mayor grado de sostenibilidad en el desarrollo rural. Pero en un esfuerzo por tener éxito, contribuirá a la modificación de los programas de desarrollo nacional que llevan a una participación popular mayor en su diseño e instrumentación.

Una estrategia para promover la sostenibilidad debe enfocarse en la importancia de la participación local y en la revisión de la forma en que la gente vive y trabaja. La cuestión de la autonomía y la autarquía locales o regionales es una parte importante de cualquier discusión sobre la integración nacional o internacional. Los asuntos sobre la autonomía versus la cooperación y la coordinación están mucho más relacionados con otros que tienen que ver con la autosuficiencia versus la especialización internacional. Hasta ahora, nuestro análisis de la sostenibilidad está en el extremo opuesto a las recetas de las reformas neoliberales. Pero aun así, los defensores de la sostenibilidad reconocen que las elecciones no son tan simples: los productos y las tecnologías industriales no serán rechazadas simplemente porque implican control jerárquico y trabajo enajenado. La respuesta debe ser reflexiva y confrontar las realidades de una sociedad global urbanizada en crisis, en la cual algunas naciones son incapaces de ofrecer a sus ciudadanos los medios para resolver sus necesidades más elementales, mientras que, al mismo tiempo, otros se enriquecen saqueando los tesoros de la naturaleza. En seguida revisaremos brevemente algunas de las estrategias propuestas para promover el desarrollo sostenible en diferentes contextos.

AUTOSUFICIENCIA ALIMENTARIA: LA RELACIÓN ENTRE PRODUCCIÓN Y CONSUMO

El primer asunto que debe ser tratado claramente es la autosuficiencia versus la integración. El sistema actual de comercio global promueve la especialización basada en los sistemas de monocultivo. La sostenibilidad no necesita ser equivalente a la autarquía o el aislamiento; sí conduce a un grado de especialización mucho menor en todas las áreas de la producción y de la organización social. La autosuficiencia alimentaria surgió como una necesidad de muchas sociedades debido a la precariedad de sus sistemas internacionales de comercio; las tradiciones culinarias específicas surgieron de un conocimiento local altamente sofisticado de frutas y vegetales, hierbas y especies. Aunque la introducción de las tecnologías de la revolución verde elevó tremendamente el potencial productivo de los productores de alimentos, pronto encontramos cuán duro fue alcanzar este potencial y los altos costos sociales y ambientales que tal programa significó.

La autosuficiencia alimentaria es un objetivo controvertido que hace surgir la cuestión fundamental de la autonomía. Aunque los partidarios del desarrollo rechazan unánimemente las llamadas de una posición extrema, el compromiso mexicano de 1980 ante el Consejo Mundial de Alimentación para lograr la autosuficiencia fue ampliamente aplaudido. Hoy, la discusión se torna más compleja, pues hay acuerdo general sobre dos factores contradictorios en el debate:

1) Por un lado, la producción local de los bienes básicos que pueden ser producidos de manera más eficiente en otro lugar, es un lujo que pocas sociedades pueden sostener, si y solo si los recursos humanos y naturales no dedicados a la producción de estos bienes comerciables pueden encontrar empleo productivo dondequiera;

2) Por otra parte, una mayor producción local de alimentos básicos contribuye a elevar los niveles nutricionales y mejorar los índices de salud. En el contexto de las sociedades actuales, en el que la desigualdad y las fuerzas discriminatorias contra los pobres rurales son la norma, un mayor grado de autonomía en la provisión de la base material para un nivel adecuado de vida parece ser una parte importante de cualquier programa de sostenibilidad regional. Contribuirá a crear más empleos productivos y un interés en mejorar la administración de los recursos naturales.

En algunas partes del mundo la estrategia de la autosuficiencia constituiría un lujo dispendioso. Implicaría desviar recursos de otros usos que serían más productivos por su contribución económica, creando exportaciones que permitirían adquirir mayores volúmenes de alimentos. Pero aún en circunstancias en las que la importación al por mayor de los bienes básicos es recomendable, la gente interesada en el desarrollo sostenible cuestiona la modificación de las dietas locales que son adecuadas a las posibilidades productivas de sus regiones; hoy en día, la tendencia a desplazar a los productos tradicionales con los alimentos importados está generalizándose ocasionando graves problemas en muchas sociedades.

La autosuficiencia alimentaria, sin embargo, es sólo una faceta de una estrategia más amplia de diversificación productiva cuyos principios son en gran medida parte del movimiento hacia la sostenibilidad. Los principios de un mayor auto-abasto (en algunos trabajos en América Latina se usó la palabra autoconfianza) son fundamentales para todos los productos y servicios que una sociedad quisiera asegurarse a sí misma. Históricamente, los habitantes rurales nunca han sido "sólo" agricultores, o algo más, para tal asunto. En su lugar, las comunidades rurales se caracterizaron por la diversidad de sus actividades productivas en las que ellos se comprometen para asegurar su subsistencia; son comunidades de administradores de sistemas complejos de recursos. Fue sólo la aberración de transferir modelos de agricultura comercial a la teoría del desarrollo en el tercer mundo, lo que contribuyó a menospreciar el carácter multifacético de los sistemas locales de producción tradicional. Las estrategias del desarrollo sostenible enfrentan directamente este problema, intentando reintroducir la diversidad, conforme se aferran a los problemas de escalas apropiadas de operación y multiplicidad de productos.

La diversificación productiva tiene que relacionarse con el patrón de necesidades y recursos locales. En la medida en que la gente no esté involucrada en el diseño e instrumentación de programas que le aseguren sus propias necesidades de consumo, tendrá menos conciencia del impacto de sus demandas en el resto de la sociedad y en el ambiente. En consecuencia, el enfoque de la sostenibilidad confiere gran importancia a establecer una relación directa entre la gente que planifica la producción y aquella que determina qué niveles de consumo son posibles.

D. PARTICIPACIÓN POPULAR, JUSTICIA SOCIAL Y AUTONOMÍA
La sostenibilidad involucra la participación directa. Si existe una constante en la literatura, es el reconocimiento de que el movimiento ha surgido de las bases populares. Participan en, y mantienen a las ONGs como intermediarios que canalizan las demandas de los diversos grupos comunitarios y organizaciones cívicas que están empezando a exigir un papel creciente en el debate político nacional.

Estas demandas y las respuestas de las agencias oficiales multilaterales y nacionales son muy ilustrativas. Hay un acuerdo generalizado entre sus defensores respecto a que las políticas de desarrollo sostenible no pueden ser diseñadas o instrumentadas desde arriba. Para tener éxito requieren de la participación directa de los beneficiarios y de otros que puedan ser impactados; debe implicar más que un papel meramente de consulta. Para que tal enfoque funcione, se requiere que quienes detentan el poder se den cuenta de la necesidad de integrar a la gente dentro de las estructuras reales de poder con el fin de confrontar los problemas principales de nuestro tiempo; esto implica una redistribución del poder político y económico. Este prerrequisito es fundamental para cualquier programa de sostenibilidad, ya que la mayoría de los análisis técnicos destacan que los patrones que perpetúan estas desigualdades conducen a una mayor degradación ambiental.

En esta formulación, la sostenibilidad no versa simplemente sobre la preservación ambiental. También involucra la participación activa de la gente, para que entienda la dinámica de los sistemas naturales y oriente el rediseño de los sistemas productivos para que sean productivos, mientras conservan la capacidad del planeta para hospedar a las generaciones futuras. Es un enfoque basado en la movilización política. Quizá los aspectos más reveladores de la literatura sobre sostenibilidad son el cúmulo de ejemplos sobre la manera en que la gente puede y realiza "actos de solidaridad con el otro cuando el Estado no los está viendo" para resolver problemas comunes e iniciar experimentos creativos para la innovación social. El trabajo de Albert Hirschman ofrece ejemplos incontables de las formas en las cuales las ONGs y otros grupos de base han sido exitosos en forzar la presión para modificar proyectos económicos como parte de su propia percepción de las prioridades del desarrollo. Sin embargo, bajo circunstancias especiales, el mismo Estado podría (verse forzado a) jugar un papel creativo en el fomento o "liberación" creativa de energías participativas para promover programas de desarrollo local y justicia social que también contribuyan a mover a la sociedad en dirección a la sostenibilidad.

Para que no lleguemos a ser demasiado optimistas, mucha de la literatura muestra cómo y por qué el Estado no opera para fortalecer a los pisoteados. La difícil coyuntura de fines de los años ochenta obligó al gobierno mexicano a financiar esquemas de “desarrollo de base” a través de movilizaciones locales en comunidades dispersas por todo el país; el programa de Solidaridad fue altamente respetado por la presión internacional y las instituciones multilaterales como un programa efectivo de bienestar (y de votos), pero hizo poco por crear oportunidades productivas permanentes para los participantes, quienes rara vez pudieron continuar una vez que los programas oficiales terminaban. La copia colombiana del programa no promete ofrecer más oportunidades a los pobres. En su examen de los problemas de erosión del suelo, Blaikie va más allá para explicar cómo las señales del mercado generalmente empujan a los gobiernos hacia programas que benefician a los ricos; peor aún, gran parte de la investigación para mejorar la productividad agrícola está mal orientada, pero su crítica más general encapsula nítidamente mucha de la experiencia del desarrollo del pasado medio siglo: "el énfasis está en los bienes particulares aislados del contexto social, económico y ambiental."

En el análisis final, un programa que enfoca la sostenibilidad también tendrá que ver con la pobreza. Existe un amplio reconocimiento de que la pobreza y la destrucción ambiental van de la mano, aunque se ha puesto menos atención a los enormes problemas ambientales ocasionados por los patrones actuales de consumo de quienes tienen dinero en todo el mundo. En los próximos años, el progreso económico mismo dependerá de que los grupos de base se involucren para obligar a quien tiene más recursos a encontrar formas de control de su propio consumo (suntuoso) y en la organización de programas de desarrollo para los demás que ofrezcan progreso material a los pobres y una mejor administración de los recursos del planeta.

UNA ESTRATEGIA DE PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA PARA LA DIVERSIFICACIÓN RURAL Y EL MEJORAMIENTO PRODUCTIVO

El desarrollo sostenible es un enfoque de reorganización productiva que aprovecha las experiencias combinadas de los grupos locales de todo el mundo. Las técnicas de instrumentación varían enormemente entre regiones y ecosistemas. Un denominador común permea este trabajo: la necesidad de participación democrática efectiva en el diseño e instrumentación de los proyectos; su importancia es evidente en los títulos de algunos de los excelentes escritos sobre el tema: Ben Abdallah y Engelhard, 1993; Calderón et. al., 1992; Machado, et. al., 1993; Nuñez, 1993. Otra lección proveniente de la experiencia reciente es la importancia de crear redes que mantengan y defiendan este trabajo; sin el mutuo reforzamiento que la agrupación internacional de ONGs proporciona, las unidades individuales no serían tan efectivas en la obtención de fondos para sus proyectos, en lograr asistencia técnica para su instrumentación y en el soporte político contra los políticos e instituciones intransigentes o incrédulos, tanto locales como nacionales. Los éxitos se deben, sin embargo, no sólo a la tenacidad y sacrificio de los trabajadores comprometidos y a los participantes locales, sino también al surgimiento de una estructura de soporte, nacional e internacional, de trabajadores, campesinos, eruditos y activistas, que están deseando movilizarse para mantener los esfuerzos espontáneos o bien organizados de los grupos individuales de todo el mundo, quienes están promoviendo proyectos de participación democrática para el desarrollo sostenible. Las organizaciones están formándose, las alianzas rehaciéndose, las experiencias revaluándose; en Latinoamérica, una de las más promisorias es la RIAD (Red Interamericana de Agriculturas y Democracia, 1993), con su sede en Chile.

Sin embargo, el desarrollo sostenible, no es un enfoque que será aceptado simplemente porque "su tiempo ha llegado". La apertura de la comunidad multilateral de desarrollo a las ONGs y a otros grupos de base (incluyendo el compromiso de las organizaciones como la Fundación Interamericana en EEUU, el IICA en Costa Rica y numerosas fundaciones de Europa Occidental que mantienen esos esfuerzos), no es justamente un gesto hecho por las agencias poderosas a las más pobres; más bien, refleja el reconocimiento de que estos grupos de base han sido efectivamente movilizadores de gente y recursos para lograr mejoras palpables en los niveles de vida mientras contribuyen notablemente a proteger el ambiente. Tales victorias señalan el principio, no el fin del proceso.

Además, el reconocimiento no significa la aceptación de las metas o los principios de los grupos que conforman la comunidad del desarrollo sostenible. Como hemos acentuado repetidamente en las páginas precedentes, el modelo prevaleciente de desarrollo industrial ha creado estructuras de riqueza y poder concentrados que sistemáticamente generan problemas sociales y ambientales a escala global. En el proceso, las élites pequeñas pero poderosas han consolidado su control en muchas sociedades y otras innumerables se benefician de los frutos del modelo de consumo que el sistema ha engendrado; este es un patrón insostenible de producción y consumo, un modelo que puede hacerse más eficiente, menos contaminante, pero que al final continuará siendo inviable. Los intereses creados niegan activamente el acceso a los recursos, a las oportunidades de empleo, a los más mínimos niveles de servicios sociales para segmentos enormes de la humanidad, mientras que se desperdician cantidades exorbitantes en expresiones ostentosas de consumo para los pocos privilegiados.

Entonces, el desarrollo sostenible implica una lucha política por el control sobre el aparato productivo. Requiere de una redefinición no sólo de qué y cómo producimos, sino también de a quién le será permitido producir y para qué fines. Para las organizaciones implicadas en proyectos de desarrollo sostenible en áreas rurales, el conflicto se centrará alrededor del control de mecanismos de poder político y económico, para los campesinos, las poblaciones indígenas, las mujeres y otras minorías menos privilegiadas, y sobre el uso de los recursos. La lucha por asegurar una voz mayor en el proceso no asegurará que sus decisiones conducirán al desarrollo sostenible. Pero esa participación democrática de base creará los cimientos para la distribución más equitativa de la riqueza, uno de los principales prerrequisitos para el surgimiento de una estrategia de desarrollo sostenible.

F. LAS VARIEDADES DEL DESARROLLO SOSTENIBLE

1) Las regiones que quedaron atrás. La integración económica internacional no afectará a todo el mundo por igual. En el caso de NAFTA, por ejemplo, grandes segmentos de los tres países se mantendrán rezagados del progreso internacional. En alguna medida, esta gente se encuentra en regiones que tienen la oportunidad única de tomar ventaja de su status como marginada. Muchas de estas regiones están pobladas con grupos de origen indígena que todavía atesoran gran parte de la experiencia que ha sido transmitida a través de las generaciones; las investigaciones recientes en el tercer mundo sobre etnobotánica, etnobiología, agrobiología y agrosilvicultura intentan capturar algo de esta sabiduría. Este trabajo muestra que el potencial productivo de la agricultura tradicional es mucho mayor del que se obtiene comúnmente, que hay factores culturales que evitan la plena aplicación de este conocimiento (incluyendo el desdeño prevaleciente por la cultura indígena, excepto como un bien de consumo para los turistas e intelectuales excéntricos) y que algunos de nuestros descubrimientos de estos sistemas son transferibles entre culturas, así como útiles para mejorar los cultivos de los agricultores "modernos". Finalmente, conforme hemos realizado más investigaciones sobre estas prácticas y conocimientos culturales indígenas, aprendemos que los que los utilizan han comenzado a integrar los avances tecnológicos más recientes en sus prácticas tradicionales, para mejorar la productividad y reducir la cantidad de trabajo requerida para la producción.

En estas regiones, el volver a desarrollar la "economía campesina" es tanto deseable como urgente. No es simplemente un asunto de rescate de culturas antiguas, sino de tomar ventaja de una herencia cultural y productiva importante para proporcionar soluciones a los problemas de hoy y mañana. No es una cuestión de "reinventar" la economía campesina, sino de reunirla con sus propias organizaciones para esculpir espacios políticos que les permitirán ejercitar su autonomía; para definir formas en las que sus organizaciones guiarán la producción para ellos mismos y para comerciar con el resto de la sociedad. Una vez más, la identificación tecnocrática de los mecanismos productivos y la catalogación de los sistemas de conocimiento indígenas (que, por ejemplo, están ahora a la orden del día entre las corporaciones trasnacionales que buscan nuevas fuentes de germoplasma para sus avances biotecnológicos), no van a revertir la estructura de la discriminación, a menos que se acompañen de participación política efectiva.

Las regiones que han sido dejadas de lado tienen muchas oportunidades de explorar caminos a fin de utilizar sus dotaciones de recursos en formas creativas. Entre las más importantes, destacan los proyectos administrados por los grupos de las comunidades locales que comienzan a diversificar su base productiva, utilizando fuentes de energía renovable y evaluando el ambiente natural para impulsar nuevos productos o encontrar formas novedosas de adicionar valor a las tecnologías y bienes tradicionales; los proyectos mencionados en la literatura incluyen el aprovechamiento de la energía solar, geotérmica y eólica para el procesamiento de alimentos, mejorando la calidad y desarrollando sistemas que aumenten el producto de las artesanías (o comerciar con ellas de modo que demanden precios mejores), estableciendo instalaciones para la recreación y convenios institucionales que permitan a la gente de fuera obtener una apreciación de las culturas indígenas. Son grandes las oportunidades de buscar nuevas formas de organización de la base de recursos naturales; las iniciativas para instrumentar tales programas están encontrando gradualmente a quienes responden interesados en la exploración de estas y otras alternativas.

2) Los centros de biodiversidad. La comunidad científica y ambiental del mundo se ha movilizado para identificar y proteger un creciente número de áreas particularmente valoradas. Estas "reservas de la biosfera" en las selvas y montañas y los centros culturales urbanos, "patrimonio de la humanidad," son guardianes de parte de los tesoros naturales y producidos del ecosistema. Pero también son campos de batalla controvertidos donde la ciencia y la comunidad están luchando por una definición operacional de la protección ambiental y la sostenibilidad. Las líneas de batalla se dibujan con mayor claridad cuando se montan esfuerzos por crear áreas núcleo en los espacios designados como reservas de la biosfera, donde no se permite a la gente entrar; en algunos casos, la designación especial de zona protegida implica remover a los habitantes locales del área en nombre del ambiente. En una escala más general, el interés creciente por proteger las especies en peligro de extinción ha conducido a conflictos entre las poblaciones locales que han coexistido tradicionalmente con estas especies, utilizándolas en formas sostenibles, hasta que las poderosas fuerzas del mercado condujeron a tasas de exterminio que amenazaron la sobrevivencia de la flora y fauna y de las propias comunidades humanas.

Mientras no haya una solución generalizada para las necesidades y metas en conflicto de los grupos inmersos en estas regiones, el enfoque filosófico de la "sostenibilidad" ofrece algunas ideas. Una propuesta prometedora sugiere la creación de "reservas campesinas de la biosfera" o "clubes de restauración del vecindario" en los cuales las comunidades locales son animadas a continuar viviendo dentro de la región, ahorrando recursos. A cambio, el "mundo exterior" aceptaría la obligación de asegurar que la comunidad disfrute de una calidad socialmente aceptada de vida con oportunidades económicas similares a las de otros grupos y la participación política plena a todos los niveles.

DESARROLLO AUTÓNOMO: UNA ESTRATEGIA PARA LA SOSTENIBILIDAD

El desarrollo sostenible no es consistente con la expansión de la agricultura comercial "moderna". La producción especializada basada en el uso de maquinaria y/o agroquímicos que surgió del enfoque tecnológico de la revolución verde, ha producido un enorme caudal de alimentos y otros productos primarios; sin embargo, los costos sociales y ambientales son demasiados altos. El desarrollo rural comercializado ha traído en su estela la progresiva marginación de las poblaciones campesinas e indígenas.

La integración global está creando oportunidades para algunos y pesadillas para muchos. La producción doméstica se está ajustando a las señales del mercado internacional, respondiendo a las demandas del exterior e importando aquellos bienes que pueden ser adquiridos más baratos en cualquier otro lugar. La expansión urbano-industrial ha creado polos de atracción para la gente y sus actividades que no pueden ser absorbidos productiva o saludablemente. Las ciudades perdidas y los deteriorados vecindarios albergan a quienes buscan empleos marginales, mientras los gobiernos locales están abrumados por las tareas imposibles de administrar estas áreas infernales con presupuestos inadecuados. Al mismo tiempo, las comunidades campesinas están siendo desmembradas, y sus residentes forzados a emigrar y abandonar los sistemas tradicionales de producción. Ellos también han dejado de ser buenos administradores de los ecosistemas de los cuales son parte.

En esta yuxtaposición de ganadores y perdedores, debe considerarse una nueva estrategia de desarrollo rural: una estrategia que revalorice la contribución de la producción tradicional. En la economía global, la vasta mayoría de productores rurales del tercer mundo no puede competir en los mercados internacionales con productos alimentarios básicos y otros primarios: la tecnología y financiamiento de los productores en las naciones ricas puede combinarse con la necesidad política de exportar sus excedentes para bajar los precios internacionales, con frecuencia por debajo de los costos reales de producción en el tercer mundo, especialmente si estos agricultores fueran a recibir un salario competitivo. Sus productos tradicionales no podrían comercializarse fuera de las mismas comunidades pobres.

Los productores rurales marginados ofrecen una promesa importante: si se fomenta su producción, pueden sostenerse por sí mismos y hacer contribuciones importantes al resto de la sociedad. En contraste, si prevalecen las políticas rurales que los países del tercer mundo definen como “eficiencia” por el criterio del mercado internacional, basadas en la estructura política y tecnológica de las naciones industrializadas, los campesinos serán arrebatados de sus campos de siembra tradicionales y las importaciones de alimentos comenzarán a competir fuertemente por las divisas, desplazando a los bienes de capital y otras prioridades nacionales, como ha pasado en muchos países. El enfoque sugerido por la búsqueda de sostenibilidad y participación popular tiene el fin de crear mecanismos dondequiera que las comunidades campesinas e indígenas encuentren apoyo para continuar cultivando sus propias regiones. Aún con el criterio estricto de la economía neoclásica, este enfoque no debe ser descartado como un proteccionismo ineficiente, ya que la mayoría de los recursos implicados en este proceso tendrían poco o ningún costo de oportunidad para toda la sociedad; este es un elemento crucial. Muchos analistas descartan a los productores campesinos por trabajar a una escala demasiado pequeña y con muy pocos recursos para ser eficientes. Mientras sea posible y aun necesario promover un incremento en la productividad, consistente con una estrategia de producción sostenible, como la definen los agroecólogos, la propuesta de animarlos para mantenerse como miembros productivos de sus comunidades debería ser instrumentada bajo las condiciones existentes.

En gran parte de Latinoamérica, si los campesinos cesaran de producir los cultivos básicos, las tierras e insumos no serían simplemente transferidos a otros para la producción comercial. Los bajos costos de oportunidad de la producción primaria en las regiones campesinas e indígenas derivan de la falta de empleos productivos alternativos para la gente y las tierras de este sector. Aunque la gente generalmente tiene que buscar ingresos en el "sector informal", su contribución al producto nacional sería magro. La diferencia entre el criterio social para evaluar el costo de este estilo de producción y la valoración del mercado está basada en la determinación de los sacrificios que la sociedad haría para tomar una u otra opción. La base teórica para este enfoque vuelve como punto de partida al ensayo inicial de W. Arthur Lewis (1961) y estudios posteriores que encuentran su última expresión en la demanda de un enfoque "neoestructuralista" para el desarrollo de Latinoamérica (Sunkel 1993).

Por ello, proponemos la formalización de una economía autónoma. Reconociendo la permanencia de una sociedad drásticamente estratificada, el país estará en mejor posición para diseñar políticas que reconozcan y tomen ventaja de estas diferencias a fin de mejorar el bienestar de los grupos de ambos sectores. Una estrategia que refuerce a las comunidades rurales, un medio para hacer posible la diversificación, hará que el manejo del crecimiento sea fácil en aquellas áreas que desarrollan lazos con la economía internacional. Pero más importante es que tal estrategia ofrece una oportunidad para que la sociedad confronte activamente los cambios del manejo del ambiente y la conservación de una manera significativa, con un grupo de gente calificado de manera única para tales actividades.

La economía política de la autonomía económica no es nueva. A diferencia del modelo actual que permea todas nuestras sociedades, confrontando a ricos y pobres, la propuesta pide la creación de estructuras de modo que un segmento de la sociedad que elige vivir en las áreas rurales encuentre apoyo en el resto de la nación para instrumentar un programa alternativo de desarrollo regional. Este modelo de autonomía comienza con la base heredada de la producción rural, mejorando la productividad mediante el uso de la agroecología. También implica la incorporación de nuevas actividades que se construyan sobre la base cultural y de recursos de la comunidad y de la región para su desarrollo posterior. Requiere respuestas muy específicas al problema general y, en consecuencia, depende fuertemente de la participación local para su diseño e instrumentación. Mientras los planes generales son ampliamente discutidos, los específicos requieren programas bien definidos de inversión de los productores directos y sus socios.

Lo que es nuevo es la introducción de una estrategia explícita de fortalecimiento de la base social y económica para una estructura que permite a estos grupos mayor autonomía. Mediante el reconocimiento y fomento para que los grupos marginales creen una alternativa que les ofrezca mejores perspectivas para su propio desarrollo, la propuesta de la economía autónoma podría mal interpretarse como una nueva encarnación de la "guerra (norteamericana) contra la pobreza" o el enfoque peruano de "solidaridad" para aliviar los efectos más negativos de la marginalidad. Esto sería un gran error; no se trata de una simple transferencia de recursos para compensar a los grupos atrasados por su pobreza, sino un conjunto integrado de proyectos productivos que ofrezca a las comunidades rurales la oportunidad de generar bienes y servicios que contribuyan a elevar sus estándares de vida y los de sus conciudadanos, mientras mejoran el ambiente en el que viven.




1 comentario:

Merlín dijo...

Autor del Blog, necesario poner la cita el autor autentico del articulo.El contenido que se copio y pego fielmente en este Blog es de autoría del Dr. David Barkin Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana en Ciudad de México. Ver el original en: http://goo.gl/Nt57pl